Estoy convencido, si el factor AMLO no se hubiera entrometido en la ruta electoral del 1 de julio, Acción Nacional de todas maneras hubiera perdido la Presidencia Municipal de San Luis.
Por tres grandes razones:
1) Por el desencanto al interior del Partido derivado de la forma en que se definieron las candidaturas –la fórmula “más de lo mismo” encabezada por Everardo López Córdova simple y sencillamente significó una afrenta para el panismo.
2) Por la propuesta fresca y renovada que presentó el Partido Revolucionario Institucional en la figura de “Titilo” Leyva.
Pero sobre todo…
3) por el manejo (y/o manipulación, como usted quiera), desde mi punto de vista, magistral, que se hizo de la opinión pública en relación al gobierno de Enrique Reina Lizárraga a partir de sus propios ‘deslices’.
Enrique, básicamente, cometió tres pecados “ordinarios” y uno “capital”, que a la postre se convirtieron en carne de cañón para los estrategas en marketing electoral al servicio de los partidos oposición.
¿Cuáles son esos “pecados”?
1) Negar el agua a la colonia Topahue y más que todo, delimitar la geografía urbana de forma hasta cierto punto despectiva –sanluisinos Clase A y Clase B, ¿se acuerda?
2) Mostrar indolencia en el caso del niño que perdió la vida a consecuencia de la caída de un columpio del parque Yoreme, y
3) Despilfarrar recursos públicos en obras superfluas y de dudosa inversión, como el triste-célebre Monumento al Centenario, construido en la avenida Hidalgo y la calle Cuarta.
Estos y otros errores en el ejercicio de su gobierno, fueron hábilmente capitalizados por los partidos ‘de enfrente’ para generar una imagen perceptual negativa hacia su Administración y su persona, independientemente de que su trabajo tuvo muchos más aciertos que desaciertos a lo largo de los tres años.
Ahora bien, ¿cuál es el pecado “capital” en el que incurrió el todavía Presidente Municipal de San Luis?
Sin lugar a dudas, el no haber sabido contrarrestar esa manipulación de la opinión pública de la cual le hablaba hace un momento; el no haberse rodeado de gente capaz, profesional, que contuviera y revirtiera el efecto de las campañas de desprestigio de las cuales fue víctima, negras, sí usted quiere, pero altamente eficaces bajo el supuesto de que ‘el fin justifica los medios’.

Santiago Barroso