Con la muerte de John McCain, desaparece uno de los políticos estadounidenses que más han hecho en los últimos cuarenta años para frenar la creciente polarización de la política y la sociedad estadounidense. El 29 de agosto habría cumplido 82 años.

El gobernador actual de Arizona, Doug Ducey, republicano, sin rival serio para ser reelegido en noviembre, nombrará a dedo un sustituto de McCain, por lo que su partido seguirá controlando ese escaño al menos hasta 2020. De haberse retirado antes del 30 de mayo, Arizona habría tenido que elegir a sus dos senadores en noviembre con gran riesgo de perder la mayoría que tienen en la Cámara Alta.

La victoria de Donald Trump en 2016 es la mejor prueba del fracaso de su apuesta vital desde su primera elección como congresista en 1982, tras dieciséis años en la Armada y cinco años de enlace de la Armada con el Senado.

En sus memorias (The Restless Wave: Good Times, Just Causes, Great Fights and Other Appreciations), publicadas en mayo, describe con respeto, detalle y, sobre todo, sin el menor rencor hacia sus adversarios, las dos derrotas sufridas (2000 y 2008) en sus campañas a la presidencia y critica duramente a Trump.

“No sé realmente qué pensar de sus convicciones”, escribe. “Ha amenazado con matar a las esposas e hijos de terroristas para demostrar la firmeza de los EE.UU.

Es alarmante su falta de empatía hacia los refugiados, los inocentes, los perseguidos, los hombres, mujeres y niños desesperados. Su discurso, cuando dice que sólo vienen a nuestro país a robarnos o a matarnos, es lamentable.

Y su respuesta a las noticias que no le gustan, calificándolas de fake news, sean o no creíbles, es una copia exacta del comportamiento de los dictadores”.